domingo, 6 de agosto de 2017

Trilogía del Planeta de los Simios: Una monada de reboot.

El libro que nos cuente la trastienda de la producción de esta franquicia, seguramente se llamará Exploiters of the Planet of The Apes...
No cabe duda de que, en términos culturales, vivimos en la era de las franquicias. La misma no es más que la aplicación natural de los conceptos capitalistas a los artefactos culturales: abaratar costos y maximizar los beneficios a través de la producción estandarizada y en serie de libros, películas y series de televisión. Por supuesto, ya sabemos lo que pasa en estos casos: el producto es más barato, pero también se rompe más rápido. De ahí la mala fama que se ha agarrado esa clásica manera de revitalizar franquicias agotadas, que es el reboot, el grueso de los cuales, en efecto, se han roto rápido. Y así, muchos intentos por lanzar de nuevo franquicias antiguas han muerto al primer intento. Como sucedió con El planeta de los simios en 2.001. Por eso, cuando se anunció con bombos y platillos un segundo reboot de la franquicia, mucha gente miró la idea con escepticismo. Pero al final sucedió la magia. La actualmente Trilogía del Planeta de los Simios, por oposición a la pentalogía de las décadas de 1.960 y 1.970, se ha transformado en uno de los más bienamados ciclos de películas en la década de 2.010. No son películas sin fallas o errores, algunos de ellos bastante garrafales. Pero en general, sumando y restando, la Trilogía del Planeta de los Simios ha conseguido lo que todo reboot debería aspirar a ser: una adecuada reinterpretación en clave actual, de los elementos propios que son míticos dentro de una franquicia determinada.

Hagamos historia. Todo empezó con una novela publicada por un escritor francés llamado Pierre Boulle en 1.963, llamada El planeta de los simios. Reseñemos el argumento de ésta, porque las películas han tendido a apartarse su resto del mismo, y las comparaciones siempre son útiles. En la novela original, unos astronautas se encuentran con un manuscrito en el cual se relata la historia de otro astronauta anterior. El autor del manuscrito refiere cómo su expedición llegó a la estrella Betelgeuse, en torno al cual existe un planeta perfectamente habitable, lleno de chicas desnudas... y salvajes. Porque la especie dominante ahí, ya se lo imaginan, no son los humanos sino los simios, de ahí el título, por supuesto. La novela presenta tres giros finales que son bastante brutales, que voy a lanzar en seguidilla y en spoiler porque son indispensables para abordar nuestro tema, y además, son adivinables para quien haya visto cualquiera de las versiones fílmicas. Primero, el protagonista humano descubre que en el planeta alienígena existió una civilización humana ancestral ahora extinguida, y los simios son sus sucesores. Segundo, cuando regresa a la Tierra... sí, en la novela siempre fue otro planeta, resulta que en el intertanto, debido a la dilatación einsteniana del espacio y el tiempo, en la Tierra han pasado centenares de años, la Humanidad se ha extinguido, y la nueva civilización terrícola es gobernada por los simios, casi como una ley inexorable de la naturaleza en todo el universo. Y tercero... los astronautas que encontraron el manuscrito y lo leyeron, son chimpancés, que lo encuentran un increíble tratado de ficción porque, como todos saben, los humanos son bestias brutas y jamás sería posible que hubieran creado una civilización en primer lugar.

Prácticamente todos están de acuerdo en que la inspiración de Boulle para escribir su novela es... bastante poco amable, desde el punto de vista de la corrección política moderna. Boulle, escritor francés, durante la Segunda Guerra Mundial andaba en la treintena, y fue un espía y agente al servicio de la Francia Libre en el Extremo Oriente. Allí fue capturado por los japoneses, y acabó con sus huesos en un campo de prisioneros. Lo que le sirvió de inspiración para sus dos novelas más famosas. Una es El puente sobre el río Kwai... sí, la misma que fue adaptada para el cine con Alec Guinness, y de la cual, si no la han visto, al menos el silbido de la banda sonora se lo conocen de memoria; busquen en YouTube si no me creen. El puente sobre el río Kwai se trata sobre unos prisioneros de guerra ingleses a quienes los japoneses obligan a construir el mentado puente. En esa historia, los héroes son tratados como esclavos por los japoneses, y en El planeta de los simios, los héroes son tratados como esclavos por los monos, ustedes notan los parecidos, ¿verdad? Ustedes también recuerdan que durante la Segunda Guerra Mundial, los japoneses se ganaron el muy racista epíteto de "monos amarillos", ¿verdad?

Una de las razones por la que esta franquicia ha sobrevivido tan bien, es debido a su capacidad de adaptación. La novela original es una gigantesca metáfora, muy racista por cierto, del imperialismo japonés durante la Segunda Guerra Mundial. Pero funciona además como una historia de horror. Uno de los recursos más clásicos de las historias de horror, es la inversión del mundo: nosotros en la seguridad de nuestros hogares estamos arriba, y leemos o vemos una historia en donde nosotros estamos abajo, y quienes están abajo, pasan a estar arriba. En nuestro mundo, nosotros los humanos mandamos, y los simios caminan desnudo dejando caer sus restos fecales por la jungla, o los tenemos bien encerrados en jaulas para usarlos como animales de laboratorio. En la novela es más o menos lo mismo, pero al revés, y ésa es realmente la fuente de terror de la misma, el ser sobrepasados y avasallados por entes a quienes despreciamos y de los cuales en realidad nos sentimos más que seguros en nuestro dominio. Tengamos en mente esto para lo que viene.


En 1.968, todos lo sabemos, se estrenó la película. La primera de ellas, por lo menos. Que dio origen a una lucrativa franquicia conformada por cinco entradas para el cine: El planeta de los simios de 1.968, Bajo el planeta de los simios de 1.970, Escape del planeta de los simios de 1.971, La conquista del planeta de los simios en 1.972, y La batalla del planeta de los simios de 1.973, así como a una serie animada, y una con actores de verdad. Por supuesto, la misma siguió operando bajo el mismo resorte narrativo: la inversión de nuestra posición en el universo. Otra vez asistimos al horror de caer al fondo del pozo social, mientras que los oprimidos simios se rebelan y toman el mando.

En el caso de la película original, la misma resonó porque aludió a los nuevos miedos de la década de 1.960. En el año del estreno de la película habían pasado más de dos décadas desde el final de la Segunda Guerra Mundial, y por lo tanto, la misma era asunto de los padres, incluyendo todo ese asunto de los japoneses ordenando construir puentes sobre el río Kwai. Lo que en Estados Unidos asomaba en el horizonte era algo distinto: la lucha por los derechos civiles. Recordemos que durante décadas, los buenos estadounidenses se decían que eran el país de la libertad, que todos eran iguales ante la ley, etcétera, mientras que en la práctica, grupos como los negros, pero también las mujeres, los homosexuales, los inmigrantes, etcétera, eran estigmatizados y considerados como gentes de segunda. Todavía en la década de 1.950 existía segregación racial, colegios para blancos y negros, autobuses con asientos para blancos y negros, etcétera.

La película de 1.968 tocó justamente esta fibra sensible. Spoiler del final a partir de aquí, aunque si no saben cómo termina El planeta de los simios de 1.968, es que han vivido bajo una roca toda su vida. A diferencia de la novela, en que el protagonista viaja a otro planeta, en la película el famoso otro planeta ha sido desde siempre la Tierra, y el viaje espacial en realidad ha sido un viaje en el tiempo hacia el futuro, un futuro en donde los humanos han sido reducidos a la esclavitud, y los simios gobiernan. Esto sirvió como un soterrado y muy sarcástico apunte acerca de lo que podía llegar a suceder: que los grupos oprimidos se rebelaran, y en vez de crear una sociedad de iguales, acabaran por vengarse de los antiguos opresores instalando su propia opresión. Guerra nuclear mediante, por supuesto. Y considerando lo vociferantes que se han puesto en la actualidad algunos grupos defensores de lo políticamente correcto, no es un miedo demasiado infundado, que digamos.

Todo el mundo está de acuerdo en que las secuelas de El planeta de los simios de 1.968 resultaron cada una inferior a la anterior. Pero en las mismas vemos algo interesante. Las dos primeras entregas se ambientan en el futuro, pero las tres siguientes lo hacen ya en el presente; de este modo, las dos primeras películas describen el mundo futuro que es una pesadilla para los humanos, y el resto, cómo ese mundo de pesadilla llegó a surgir en primer lugar. Vemos aquí un giro: en las dos primeras películas los héroes formaban parte del antiguo grupo opresor, los humanos, ahora oprimidos. Pero a partir de Escape del planeta de los simios, son los monos quienes pasan a ser los verdaderos protagonistas, y por lo tanto, vemos que muy en el fondo, los humanos se merecían el destino que al final les tocaba. Las películas son mediocres por una serie de razones, pero el mensaje es interesante, ya que desdibuja la línea entre humanos oprimidos y simios opresores que parecía estar más firmemente trazada en los inicios de la franquicia.


Saltémonos el intento fracasado de reboot que fue El planeta de los simios de 2.001, irónicamente más fiel a la novela original en algunos aspectos, incluyendo el final, aunque muy poco alimenticia en otros. Para las nuevas generaciones, es claro que el cuerpo celeste con simios ya no es la franquicia de 1.968, que va para el medio siglo de haberse estrenado y es por tanto una antigualla, sino el reboot de 2.011, conformado por El origen del planeta de los simios de 2.011, El amanecer del planeta de los simios de 2.014, y La guerra del planeta de los simios de 2.017. Contra mi costumbre, voy a usar los títulos tal y como fueron exhibidas en España, porque los que usaron en Latinoamérica son una mugre (¿El planeta de los simios: (R) Evolución? ¿En serio?).

Para el reboot de 2.011, los productores dieron por sentado que todo el mundo conoce el gran final de El planeta de los simios de 1.968, y fueron directamente a mostrar el origen del cacao: cómo surgió el primer simio inteligente, en nuestra sociedad humana. A lo largo de las tres películas vemos como la civilización humana se va al demonio poco a poco, descendiendo desde habitar grandes ciudades hasta la vida tribal primero, y luego, de dicha vida tribal hasta el exterminio casi absoluto. En paralelo vemos como los simios parten como una nueva especie primero, para conformarse en hordas después, y en lo que más o menos se intuye, es el origen de una nueva civilización al último. Esencialmente, es volver a contar la historia que fue referida en las tres películas finales de la franquicia de 1.968, sólo que (spoiler de la pentalogía original) sin viaje en el tiempo de por medio.

Lo más interesante del reboot, es el cambio en el punto de vista. En la película original de 1.968, así como en su primera secuela, los héroes eran los humanos. Volvemos a lo que comentábamos: la fuente principal de horror en esta franquicia es cómo los simios encarnan la otredad, aquello que nos es ajeno, y de como esa otredad viene a por nosotros y destruye nuestra humanidad. En cambio, a través de la figura de su protagonista César, la trilogía reboot nos pide que adoptemos precisamente el punto de vista del otro, del simio que nos mira cara a cara. Algo evidente ya desde la primera entrega, pero que en La guerra del planeta de los simios termina por hacerse más que evidente, subrayado, con César presentado literalmente como un Moisés que rescata a su Pueblo Elegido de la opresión y los lleva hasta una Tierra Prometida que (spoiler del final de La guerra del planeta de los simios aquí) al igual que su inspiración bíblica, ve el país de la leche y la miel desde lejos, pero no llega a entrar porque la palma antes.

Esto revela por supuesto un cambio de sensibilidad. Las películas de 1.968 y alrededores tendían a hacerse para audiencias conservadoras. El mito de la década de 1.960 hippie y rebelde, debemos tomárnoslo con un grano de sal. En realidad, entonces un poco como ahora y siempre, las gentes han tendido más bien al conservadurismo, los rebeldes eran más bien minoritarios, y si parecían ser más importantes de lo que eran, es porque las minorías rebeldes tienden a ser más bulliciosas que las mayorías silenciosas. El planeta de los simios de 1.968 es una película conservadora: muy en el fondo se trata de un WASP (White Anglo Saxon Protestant) perdido en un mundo en donde la escoria humana, encarnada de manera metafórica en los simios, han usurpado sus posiciones de poder. Lo mismo que la novela original también lo era, con un astronauta que es metáfora del blanco occidental, encerrado en un mundo de simios que son metáforas de los japoneses.


En cambio, y esto es lo significativo... la trilogía reboot es rabiosamente contestataria. Porque los tiempos cambian. Y si la pentalogía de 1.968 puede ser vista como una metáfora del conflicto racial y de los derechos civiles, la trilogía de 2.011 en cambio puede ser leída como una gigantesca metáfora de un conflicto de clases entre los poseedores del gran capital, por un lado, emblematizados por los humanos, y los proletarios que deben cavar zanjas por el otro, que acá vienen a ser los simios. Conflicto que viene larvándose a partir de las reformas neoliberales promovidas por el Reaganismo, y agudizado sobremanera después del brutal cataclismo económico que se produjo entre 2.007 y 2.008. Y he aquí el punto principal: el héroe principal es un simio. Y a diferencia de otras franquicias en donde el héroe es un underdog, pero que al final gana el reconocimiento de sus superiores y más o menos se integran a la sociedad como rebeldes domesticados, digámoslo así, y pienso en películas como Guardianes de la Galaxia de 2.014 por ejemplo, aquí César y su banda defienden con fiereza su identidad, están dispuestos a negociar con los humanos pero no están tratando de cortejar su aceptación, y al final, resulta que toda posibilidad de reconciliación social se vuelve imposible por factores más allá de la voluntad de ambas facciones. El gran final es el que ya se puede adivinar: la Humanidad queda reducida a un mínimo, su civilización desde luego que se desploma para no volver a resurgir, y los simios quedan libres para construir un nuevo mundo a su imagen y semejanza. El sueño húmedo de Marx y Lenin. Me pregunto cuánto habrá aplaudido el vejete de Fidel Castro este reboot, antes de morirse. ¡Y todo esto, dentro del muy conservador panorama del cine actual de Estados Unidos, y bajo las fauces de todo el discurso neoliberal que tratan de meternos por las narices!

Así, en la primera película vemos como César desarrolla inteligencia como consecuencia colateral de un experimento de laboratorio. Primera bofetada a la cara del espectador: el objetivo del experimento es curar la demencia senil. O sea, un problema del Primer Mundo. Por supuesto, es un problema serio e importante, pero es un problema del Primer Mundo, o sea, de los millonarios del planeta; ni Haití ni Africa sufren demasiado el problema de la demencia senil porque la gente tiende a morirse por hambre o disentería, antes de tener la opción de llegar a viejos. A lo largo de la película, a casi nadie le importa demasiado el que César haya desarrollado inteligencia. De hecho, a César su inteligencia acaba por resultarle contraproducente, porque empieza a entender que no encaja en el mundo, busca su lugar... y ahí están los estúpidos y prepotentes humanos para recordarle que muy en el fondo, inteligente o no, es un simio y su lugar está con los simios, porque hay jerarquías que respetar, faltaba más. Existe un humano que se preocupa de César, por supuesto, que es el personaje interpretado por James Franco, pero éste y su linda chica en primer lugar son una minoría, en segundo término a ellos mismos les cuesta aceptar que César ha evolucionado hasta el punto que debiera ser tratado como un ser humano, y al final, como más o menos se nos deja caer en la secuela (¡spoiler!), ambos acaban muertos en la epidemia subsiguiente, de todas maneras.

Tanto la primera película como en la transición a la segunda, asistimos a uno de los peores terrores de la sociedad capitalista contemporánea. Hoy en día, existe una falsa seguridad de que la Civilización tecnocrática Occidental es demasiado grande para caer. Simplemente somos demasiado importantes, sabemos arreglárnoslas, tenemos democracia y libre mercado... Y claro, de pronto llega una epidemia, y quedamos indefensos como bebés. La civilización se va al demonio. No es un cuadro demasiado lejano. En 2.014, tres años después de estrenado el reboot, tuvimos una epidemia bestial de Ebola que se expandió por varios países de Africa. Al final, la adecuada respuesta internacional permitió contener la amenaza, y que la misma no acabara por arrasar a las naciones occidentales. Pero yo no me fiaría. Las cosas no suceden, hasta que suceden. Nunca había sucedido que una epidemia de Ebola se extendiera tanto y cobrara tantas víctimas... pero sucedió. Nunca ha sucedido que una epidemia de Ebola salte al Primer Mundo... pero también podría suceder. Y las epidemias no son la única amenaza allá afuera. También está el terrorismo nuclear, una potencial crisis económica que se salga de toda madre, o la siempre omnipresente sombra del calentamiento global. Parte de por qué es tan efectiva esta trilogía, es por resonar con esos miedos modernos: sí, los miembros de la Civilización Occidental lo estamos haciendo más o menos bien hasta ahora, pero no sabemos por cuánto tiempo, y sobre todo, ignoramos las verdaderas dimensiones de las bombas que nosotros mismos estamos instalando bajo las líneas de nuestra propia flotación.


En el arco narrativo que forman la segunda y tercera películas, asistimos literalmente a la destrucción de lo que queda de la Civilización Occidental, de una manera tan completa y absoluta como el Imperio Romano sucumbiendo ante los germanos. Insistimos en lo mismo: esta trilogía no toma el punto de vista humano, sino el de los simios. O sea, es como si tuviéramos una película sobre la caída del Imperio Romano en que los héroes no son los romanos, como es típico de Hollywood porque el Imperio Romano siempre ha funcionado en el cine como metáfora de Estados Unidos y los valores republicanos seculares, sino los germanos que arrasaron con todo eso. Lo aterrador es ver como los humanos poco a poco van cayendo en la barbarie. Hay monos bárbaros y sanguinarios como Koba, por supuesto, pero tienen excusa: lo son porque han aguantado demasiado maltrato por parte de los humanos. En cambio, los humanos no tienen remisión alguna. Han dominado al mundo, han maltratado a la naturaleza y a otras especies, desencadenado ellos mismos el virus que ha sido su verdugo... y ahora no saben qué hacer, tratando de seguir manteniendo la supremacía en un mundo que ya no les pertenece ni pueden dominar. Al final, la destrucción de la Humanidad viene a significar casi un castigo irónico a la hybris de los humanos, su arrogancia en creer que podían dominar a la naturaleza.

Esto se ve reforzado por la evolución paralela que vemos en simios y humanos. En la primera película, los simios presentan todavía características animales, mientras que en la segunda ya se agrupan en sociedades y muestran un comportamiento más humano, mientras que en la tercera vemos simios ya completamente humanizados, hasta el punto que Bad Ape usa ropas humanas por la misma razón que los humanos: para protegerse del frío en un clima que, muy en el fondo, no es el suyo. En paralelo vemos la brutal degradación de la Humanidad: en la primera película el grueso de los personajes son simpáticos vecinos de suburbio que viven sus vidas de la casa al trabajo y de vuelta, sin realmente grandes preocupaciones desde el punto de vista de la supervivencia pura y dura, mientras que en la segunda son pobres diablos haciendo lo imposible por sobrevivir en un mundo ya casi sin civilización, y en la tercera se han degradado tanto, que los pocos humanos con algún rastro de empatía o sentimientos familiares deben aislarse de quienes se han transformado en soldados bestiales y sedientos de sangre que ya ni piensan por sí mismos o tienen individualidad alguna, o sea, humanos degradados hasta una mentalidad instintiva y prácticamente animal. Un punto clave de esta trilogía, así, es mostrar cómo nosotros pensábamos que los simios eran animales, pero se van humanizando poco a poco, mientras que los humanos siempre serán humanos porque somos gentes decentes y racionales, pero a la mínima que nos remuevan todo el aparato civilizado alrededor, acabaremos igual que los animales, viviendo existencias tristes y salvajes en medio de una naturaleza que ha vuelto a reconquistar lo que alguna vez fue suyo.

Como decíamos, resulta extraordinario que el Hollywood muy conservador de estos días, se haya dejado caer con una trilogía de películas tan agresiva y contestataria, una gigantesca metáfora en donde los héroes son los proletarios oprimidos del sistema y no los defensores del mismo, en que la solución final no pasa por aceptar el sistema con sus falencias porque "es lo mejor que tenemos y por lo tanto lo defendemos" sino lisa y llanamente hacerlo saltar en pedazos, en donde el grupo dominante es retratado como un montón de inconscientes en el mejor de los casos y como brutos salvajes a la mínima que salta la pátina de civilización en el peor. Y resulta todavía más extraordinario que haya recaudado más de 1.400 millones de dólares a nivel mundial, y contando al momento de corregir este posteo, con una inversión de algo menos de 570. Ya conocen el dicho: cuando el río suena, piedras lleva. Las películas de la trilogía son buenas en general, de la mejor Ciencia Ficción que se ha rodado y estrenado en la década de 2.010, pero ya sabemos que muchas películas buenas se han estrellado en la taquilla, y sólo el tiempo ha permitido revalorizarlas en su justa medida. Que el público haya conectado bien con una trilogía de películas que muy en el fondo va de rebelión contra el sistema hasta la destrucción del mismo, es algo que como mínimo debería llamar la atención y resultar preocupante. Porque algo estamos haciendo mal como Civilización Occidental, si el muy pesimista e incluso nihilista mensaje final de esta trilogía de películas percute tan bien en el público.

Afiche japonés de la película original de 1.968. No muy a cuento, pero era imagen demasiado buena para dejarla pasar.

12 comentarios:

Cesar Cuevas Rueda dijo...

Ciertamente es una de las mejores producciones (¿reboot?, ¿secuela? Auxilio) de esta época.
En mi opinión la mejor fue la segunda ya que puso los pesos tanto en el platillo humano como el simio dejando a la balanza tambalearse hasta el final. Allí uno lograba empatizar con ambas facciones entender que en el fondo no hay personas/simios buenas o malas a priori sino que todos somos víctimas de las circunstancias, por lo que sólo nuestras decisiones pueden liberarnos de ese determinismo... Es algo que se extraña en la tercera.
Aún así la trilogía no deja de ser una obra de arte desde varias perspectivas (técnicas, actorales, narrativas y -como drmostraste- filosóficas) que espero en próximas entregas no decaiga como la pentalogía original.

Ah, y gracias por el post, no me lo esperaba y ya que (por obvias razones) soy fan de la franquicia desde que la vi por primera vez en los 90s, me alegró el día leerlo.

Cesar Cuevas Rueda dijo...

PD: Denle un Oscar a Serkis por favor. Si DiCaprio consiguió uno por arrastrarse y gruñir, por qué no reconocer a este otro gran actor.

voro teler dijo...

Me gustó mucho leer este post. No solo se refiere a los hechos sino que ofrece interpretación.
Me hiciste recordar tardes de invierno en el cine viendo las primeras películas en programas continuados. La trilogía actual me parece bastante más que correcta. El trabajo de Serkis es actuación real que se ofrece como fundamental para dar el tono, especialmente la última película.
Caso particular, siempre me ha gustado la película de 2001. A fin de cuentas, Burton es Burton,

saludos

antigona venetis dijo...

Un dato para la trivia: Koba era el alias de Stalin en su juventud. Se trataba de un héroe popular de su Geortgia natal. Un guiño curioso.

antigona venetis dijo...

La saga me parece ultraconservadora. Los oprimidos nunca aparecen como los promotores de una sociedad mas justa (ese era realmente el sueño húmedo de Marx y Lenin, aunque consideraban la etapa histórica de aplastar al enemigo como una lamentable necesidad, felizmente transitoria...se equivocaron, claro, pero eso era lo que realmente predicaban: no decían sólo "vamos a masacrar a estos burgueses" sino también "vamos a construir una sociedad mejor" lástima que jamás pasaron de la primera parte, pero no hay que confundir lo que una doctrina dice con lo que sus enemigos arbitrariamente afirman que dice). Y eso de poner a los oprimidos como metáfora de bestias inhumanas (literalmente) que sólo quieren cambiar un mundo donde son los oprimidos por otro donde sean los opresores, sin que la opresión desaparezca, sino que solo cambie de bando, es lo más CONSERVADOR que hay. Tanto en la versión del 68 el WASP se enfrenaba a una sociedad que no era mejor (el mono canoso era reaccionario, y los buenecitos chimpancés científicos eran vigilados por orangutanes soldados tiránicos) como en la nueva vemos que en vez de una sociedad más justa donde tanto simios como humanos estén mejor y vivan armoniosamente, hay una sociedad simia no menos violenta e injusta que la humana. Salvo por La Granja de Animales y 1984 no me imagino películas que satanizen más la revolución de los oprimidos. Conservadurismo puro. Curiosamente, los temores del WASP del 68 no sólo no se materializaron nunca (llegó un Obama negro y amable a gobernar a los blancos en paz y sosiego, nada de negros quemando las calles ni cosa por el estilo) sino que en la nueva versión, (la que vino tras la crisis del capitalismo) llegó un Trump que les pareció mucho mas antiestablishment a los mismos votantes proletarios que vivieron en carne propia la crisis...para luego votar a un Dondald. Curioso.


Ludovico Luchesi dijo...

Al vejete Fidel y a Stalin las películas les encantarían porque ganan los que creen que Si defendiste la causa de los oprimidos tienes patente de corso para A)cagarte en el estado de derecho B)cometer genocidio C)destruir culturas ajenas peor que los conquistadores españoles las americanas D)imponer una tiranía total. Y nadie te puede criticar por eso, porque pa`eso una vez defendiste a los oprimidos aunque ahora seas opresor: eres un opresor bueno y justo Porque eso es la doctrina stalinista y si algo tenemos claro es que la tiranía de los simios no es mejor que la de los humanos. Marx y Lenin odiarían las sagas porque demuestran la validez de la crítica que la derecha siempre les hizo: Si destruyen el capitalismo sólo conseguirán una sociedad peor, más pobre, y más injusta cosa que ambos negaron hasta el final.
Al mostrar a los revolucionarios como hipócritas a los que la opresión se las trae al pairo, y sólo quieren ejercerla en vez de padecerla (pero NO eliminarla) se les niega su mérito como promotores de progreso todo social (como el conseguido por la revolución francesa, por ejemplo)y aceptada la premisa de que no lo son...te conviertes en un conservador. Lo contestarario sería que los simios les dieran lecciones a los humanos con una sociedad ideal para todos...bajo el poder de una "raza superior": los simios. Y con los propios humanos aceptando que sólo bajo el poder de los simios es posible alcanzar ese ideal, porque los humanos no pueden lograrlo.
Lo de Koba lo sabía por una pelìcula de Duvall, pero es un guiño raro porque sólo una persona culta puede entenderlo, y la saga se supone que es para el público popular.

Erika Dellafrancesca dijo...

Dado que en las dos versiones vemos que la vengativa tiranía de los simios sobre los humanos no es mejor que la original tiranía de los humanos sobre ellos, la visión de los revolucionarios no puede ser más conservadora. (Hipócritas; sólo quieren oprimir a su vez, y encima con patente de corso para hacerlo porque una vez fueron ellos los oprimidos: pero de acabar con la opresión na de ná) Unos simios que después de sacudirles el trasero a los humanos les dieran una sociedad realmente mejor... bajo el poder simio, convertido ahora en redentor, sería una deliciosa bofetada a la arrogancia humana, y lo verdaderamente contestarario.
Pero no veo nada de raro en que en el capitalismo surjan sagas así: Raro sería lo contrario. En el esclavismo ni Sófocles ni Euripídes escribirían contra la esclavitud, por beneficiarse de ella, en el Feudalismo los juglares tenían que cantar las hazañas de los caballeros...que tenían el monopolio del consumo del arte. En el socialismo, los burócratas decidían que obras eran "educativas para el pueblo" y dignas de ser estrenadas. Dado que era imposible para el artista vivir del consumo directo de su obra por del pueblo (era el estado el que tenía el monopolio de comprar el arte producido, justo como los caballeros feudales) era imposible hacerle la menor crítica a su sociedad. En el capitalismo las estrellas cobraban millones, los extras tenían sindicatos que exigían pasta, los ejecutivos querían sus sobrepagados salarios y los accionistas sus dividendos, y todo eso salía...del consumidor. Por fuerza, pues, había que sintonizar con los sentimientos, con las fobias, y los gustos del público, que era el consumidor que pagaba y mantenía el tinglado. Y sólo en el capitalismo el arte ha ejercido la función de crítica social (¡En todas las sociedades humanas existentes hasta ahora!) porque...el consumidor paga, y hay que darle lo que quiere. En ese sentido se puede considerar que el arte capitalista ejerce una función de "vacuna" inyectando "anticuerpos" de crítica social, que tiende a hacer que el público reflexione sobre los problemas sociales como no podría hacer jamás en el feudalismo o socialismo. Es lógico que el artista (y los estudios millonarios interesados en recaudar millones) se interese por lo que interesa al ciudadano medio: es su consumidor; el que le paga por su trabajo. Ni más ni menos que el caballero feudal o el burocráta de la Nomenklatura en otras sociedades. Y es curioso, porque no hubo arte social medieval jamás. Y todavía queda mucho cine Ruso y Chino de excelente calidad...pero de crítica social nula, de los viejos tiempos de la guerra fría.

Erika Dellafrancesca dijo...

Koba, era el nombre falso que Stalin usaba de joven para huir de la policía zarista en su juventud. Eso lo explican en la película STALIN de Robert Duvall. Pero no es muy buena. Trata de abarcar mucho y no logra explicar bien todo. Hubiera quedad fenomenal para una serie de tv de una buena docena de capítulos, pero para meter todo eso en una sola película...andan a tropezones, atropellando la historia de Stalin, y el espectador muchas veces o no entiende nada, o peor aún, lo entiende pero no le ve la gracia...como ALGUIEN decía que pasaba en el regreso del jedi, si no se habían visto las otras dos partes. :-)

Roxana Tavlarides dijo...

La primera saga la vi de niña por la tele, y me da pena el entusiasmo que nos da a los latinoamericanos; nos la pasmos lloriqueando contra Colón por la manera en que los españoles destruyeron nuestras culturas y esclavizaron y bestializaron a nuestros indios...pero nos dan una película en que los negros, latinos y demás destruyen la cultura de los WASP con exactamente la misma violencia y la misma irresponsabilidad y decimos que es una maravilla. (¿La destrucción de la cultura WASP no es exactamente tan mala como lo es la de nuestros ancestros, e igual de trágica? ¿Porque tenemos que aplaudirla? Y si lo hacemos, ¿En que nos diferenciamos entonces de los españoles? Bah, son preguntas que nadie me va a contestar. Todo el mundo va a hacerse el pendejo fingiendo que no las lee, y de contestarlas, nada de nada). Es decir, nuestro punto de vista se reduce a "Que malo fue que los españoles hayan destruido nuestras maravillosas civilizaciones Incas, Mayas y Aztecas, pero que súper-maravilloso, súper-justo y súper-lindo sería que nosotros los latinos, los negros, y demás destruyeramos la cultura de los WASP, de verdad que sí". Lo dicho: me da pena ser latinoamericana cuando oigo cosas así. Desde niña, me ha molestado, no la primera saga, sino la lectura que los latinos le damos. Menos mal que ningún WASP se entera, porque debemos de parecerle verdaderos simios diciendo cosas así.
Aunque debo reconocer que la segunda versión tiene mayor realismo; precisamente porque pinta a los desposeídos cavadores de zanjas rebelados contra los poseedores del capital como hipócritas a los que la opresión les vale un carajo (acabar con ella no les importa en lo más mínimo) que lo que realmente quieren es convertirse en opresores ellos mismos, solo convertirse en opresores ellos mismos, y nada mas que convertirse en opresores ellos mismos. Lamentablemente esa visión no tiene absolutamente nada de "conservadora" ¡Tiene mucho de realista!

Carlos Pelliser dijo...

Ni los actores millonarios, ni los sindicatos de extras, ni los ejecutivos sobrepagados aceptan correr el mas mínimo riesgo de perder dinero: para eso están los accionistas, que son los únicos que PAGAN con SU dinero si hay pérdidas en una película. Por eso es lógico que en el capitalismo el cine se interese por el ciudadano medio: por la cuenta que le trae. No hay otra sociedad en que el artista se interese por el pueblo. La magistrales tragedias griegas en el esclavismo ignoraban el trágico destino de los esclavos, porque no iban al teatro, las novelas de caballerías ingoraban la dura realidad de los siervos de la gleba, porque sólo los caballeros consumían el arte. (Los villanos no) y en la Nomenklatura que decidía que se publicaba y qué no, el artista se interesaba mucho por las opiniones de los burocrátas...y muy poco por la de los ciudadanos. La única sociedad en que el artista se interesa por el ciudadano es el capitalismo...porque si no, el artista no come. Basta comparar el cine de Hollywood en Viet Nam, Irak o Afganistán (todos ellos episodios trágicos para la ideología americana demostrando que poco importaba la democracia y cuánto el poder) con el cine ruso en Praga, Hungría o Afganistán (hechos igualmente trágicos para los comunistas al demostrar que poco importaba luchar contra la opresión y cuánto ser opresores ellos mismos) y la comparación nos demostrará quién se mostro menos dócil a los deseos del poder y quién fue más autocomplaciente y conservador. Es histórico. Quizá por eso el capitalismo tiene tan mala fama; Hay mucho material crítico en su contra que en otras sociedades no hay...no porque no haga falta mostrarlo sino porque en ellas no se puede mostrar. Y a menos que se haya vivido en ellas, no se percibe toda su trágica injusticia.









Montgomery dijo...

Supongo que aplaudir el total exterminio de la cultura WASP de la manera en que aparece en las sagas demuestra la misma desconsideración por las culturas ajenas que mostraron los conquistadores españoles. Pero no te aconsejo que insistas mucho en preguntas como esas de

¿La destrucción de la cultura WASP no es exactamente tan mala como lo es la de nuestros ancestros, e igual de trágica?

¿Porque tenemos que aplaudirla?

Y si lo hacemos, ¿En que nos diferenciamos entonces de los españoles?

No sólo nadie te las va a contestar, sino que vas a caer mal.

Pascual Medina dijo...

Viendo los comentarios cada uno de ellos afirmando posturas o ideas me doy cabal cuenta de lo relativo de la perspectiva ya que dependiendo de quien mire la trilogía tendrá su propia interpretacion con el que este mas a gusto.

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